Introducción

El proceso de envejecimiento en los países industrializados está suponiendo nuevos retos, tanto a los gobiernos como a las empresas. En esta línea, diversos estudios exponen que el número de trabajadores mayores (55-64 años) en la Unión Europea se incrementará en 24 millones entre 2005 y 2030. Esta tendencia a que se incremente la edad de la plantilla, ha modificado los planes de negocios de las empresas hacia una política de atraer y retener a los trabajadores mayores.

Por tanto, el efecto del incremento de la esperanza de vida junto con la reducción de la tasa de reemplazo obliga a un replanteamiento de la configuración de las plantillas de las empresas. Esta reconfiguración de la organización del trabajo ha de estar basada en la adecuación de los puestos de trabajo a las capacidades de los trabajadores, optimizando de esta forma, su rendimiento y la productividad.

De igual forma, y en consecuencia con el artículo 25 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (Ley 31/1995), los empresarios deberán garantizar de manera específica, la protección de los trabajadores que, por sus características personales sean especialmente sensibles a los riesgos derivados del trabajo. Por este motivo, es necesario generar materiales de información que les permitan conocer a qué riesgos se van a enfrentar sus trabajadores al hacerse mayores en su puesto de trabajo y cómo desde las empresas se puede promover su salud a través del fomento de actitudes preventivas.

Esta argumentación se hace especialmente importante en sectores en los que hay puestos de trabajo con unas demandas, bien físicas, bien psicosociales elevadas. Los sectores en lo que hay una alta presencia de puestos que requieren trabajo a turnos son claro ejemplo de ello. En la CEE se estima que el 20% de los trabajadores del sector industrial y el 18% del de servicios, trabaja a turnos, es decir, 18 millones de personas y, en España, según CC.OO, son más de dos millones los españoles que trabajan a turnos o en horario nocturno.

Los motivos que llevan a una empresa a establecer una jornada de 24 horas de producción son muy diversos:

  • Necesidades de servicio: sanidad, hostelería, transporte público…
  • Necesidades técnicas: industrias del vidrio, de artes gráficas…
  • Necesidades económicas: amortización de maquinaria, mejores índices de producción…

El sector de la química, con un 40.5% de los trabajadores es junto con el del metal, las actividades sanitarias y los servicios sociales una de las ramas con más porcentaje de este tipo de trabajos. Además de estos, el 25.1% de los trabajadores trabajan en jornada nocturna.

Existe abundante literatura epidemiológica que demuestra el impacto negativo del trabajo a turnos sobre la salud de las personas. A corto plazo los principales efectos se deben a problemas relacionados con los cambios de los ritmos biológicos y sus múltiples consecuencias (sueño, alteraciones nutricionales, riesgos psicosociales,…). A largo plazo, el trabajo nocturno o en horarios alternantes tiene consecuencias más complicadas de demostrar que las de corto plazo, sin embargo hay estudios relacionados con los efectos sobre la salud, sobre las condiciones de trabajo o sobre las relaciones sociales y familiares de los trabajadores.

Todos estos estudios hacen necesario el desarrollo de materiales de información, para las empresas del sector químico, acerca de los riesgos a los que se enfrentan los trabajadores mayores ante el trabajo a turnos, así como dar a conocer buenas prácticas para la reducción de estos riesgos.

Principales conclusiones del proyecto

  • El trabajo a turnos es característico del sector de la industria química y su incidencia en los trabajadores, especialmente a medida que avanza la edad, se ha constatado en el desarrollo de este estudio.
  • Los cambios demográficos hacen que el binomio “trabajo a turnos + trabajadores mayores” cobre una importancia cada vez mayor en la industria química. Por ello es muy importante que las empresas implanten medidas que tengan en cuenta el progresivo envejecimiento de las plantillas de manera que, por un lado, se eviten los riesgos y, por otro, se potencien las ventajas de los trabajadores experimentados.
  • Es necesario, por otro lado, planificar, consensuar y poner a prueba medidas que mitiguen el impacto de los turnos sobre los trabajadores mayores. Estas medidas han de basarse tanto en la mejora de las condiciones de trabajo (ambientales, ergonómicas, carga de trabajo, descansos, etc), como en la propia estructuración y organización de los turnos (tipos de rotación, restricciones, etc.). Un aspecto clave es que resulta imprescindible contar con los trabajadores en todos los diseños que se apliquen:

– En primer lugar, incidir en la participación de los implicados tanto en la elaboración de propuestas como en la organización de las condiciones de trabajo hasta donde sea posible: consulta de alternativas, creación de grupos de mejora, etc.

– Considerar la población laboral existente en cada empresa y sus condicionantes sociales y familiares (y por supuesto, de edad) a la hora de diseñar la organización del trabajo.

– Recoger la opinión de los trabajadores después de cada modificación o mejora para evaluar su impacto y efectividad.

  • Una de las mejoras más demandas tiene que ver con el establecimiento de un coeficiente reductor para que los trabajadores que hayan trabajado a turnos puedan jubilarse antes. Esta recomendación tiene una lógica clara desde el momento que se considera el incremento del riesgo de los turnos a medida que avanza la edad, tal y como se ha visto en los resultados del estudio. No obstante, se trata de una recomendación que difícilmente puede ser aplicada unilateralmente por las empresas, sino que depende de otros factores como la negociación colectiva y las políticas sociales y laborales. En cualquier caso, independientemente de la posibilidad de su aplicación, se insiste en la necesidad de aplicar medidas para la reducción del riesgo del trabajo a turnos. En este proyecto se han incluido diferentes propuestas que inciden en una aproximación conjunta de los siguientes grupos de medidas:

– La mejora ergonómica de las condiciones de los puestos de trabajo en los que se desarrollen turnos, ya que la reducción de la carga física incide positivamente sobre la salud y la productividad y mitiga el impacto de los turnos.

– Medidas de adaptación de los puestos a las características de los trabajadores mayores.

– Actuaciones para la mejora de los aspectos organizativos del trabajo, el trabajo a turnos y las condiciones en las que se implantan dichos turnos.